Esta travesía por la Ruta náutica es una epopeya náutica que recorre la geografía donde la Cordillera de la Costa se hunde en el Océano Pacífico, transformándose en un laberinto de islas y canales prístinos.
La ruta comienza en Quellón, el extremo sur de la Isla Grande de Chiloé y hito final de la Ruta Panamericana. Desde este histórico enclave, se emprende una navegación de aproximadamente cinco horas hacia el sur. El primer gran desafío es el Golfo Corcovado, un imponente motor oceanográfico donde las aguas abiertas del Pacífico chocan violentamente contra la plataforma continental, creando un oleaje escarpado y caótico. Tras cuatro horas de navegación por este tramo, se alcanza Melinka, en la Isla Ascensión, capital de las Guaitecas y refugio vital con historia de corsarios y madereros.
Al continuar hacia la Región de Aysén, el paisaje revela el «esqueleto» de una cordillera sumergida: valles tallados por glaciares milenarios que hoy son inundados por el mar. Esta ruta marítima funciona como el cordón umbilical de la zona, siendo la única vía de abastecimiento y soberanía efectiva ante la ausencia de continuidad terrestre.
El viaje culmina en Puerto Raúl Marín Balmaceda, una pintoresca aldea emplazada en el delta del río Palena. A diferencia del entorno circundante, esta localidad se asienta sobre una inusual planicie de sedimentos andinos triturados por el río a lo largo de los siglos. Es aquí donde la furia oscura del mar patagónico colisiona con las gélidas aguas verde esmeralda del río, ofreciendo un santuario de biodiversidad antes de que el viajero se interne hacia el este para conectar con la Carretera Austral.






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