En este trayecto, el paisaje se impone con el estruendo sordo de la Cascada El Palomo, el velo gélido de la Cascada Tronador y la soledad mística del Islote Betty. Al desembarcar, el sendero te sumergirá en una verdadera «catedral de madera viva», caminando bajo la sombra de coihues, lumas y tepas. El aroma a tierra húmeda y el canto de las aves serán tus únicos guías hasta ver el Cerro Pitote, que se alza como un anfiteatro natural recordándote la escala real de lo salvaje.

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